jueves, 11 de marzo de 2010

México. De Zapata a Slim


Cuando hablamos de México, cuando hablamos del México político, sin duda nos tenemos que remolcar a la revolución social mejicana acaecida a principios del siglo XX que tiene como culmen final la Constitución de 1917. Dicha Constitución política fue de las primeras, descontando la francesa de 1836, que tuvo en cuenta la situación de sus obreros y campesinos, incluyendo en ella todo un título con objeto de regular y mejorar la cuestión obrera y campesina mejicana. A pesar de que dicho título sólo cuenta con un artículo, el mismo se divide y subdivide de forma muy amplia lo que casi lo convierte en un auténtico código de trabajo al uso. Es por tanto, además de una Constitución nacida de una revolución campesina, obrera y también liberal, además de todo ello, es también una Constitución revolucionara que coteja como no lo había hecho ninguna hasta el momento los derechos laborales de obreros y campesinos.


La revolución mejicana no sólo dejará como legado la constitución de 1917, nacida de ella sino también a un ilustre defensor de la causa obrera-campesina reconocido en todo el mundo, el revolucionario Emiliano Zapata. Ayer y hoy, casi 100 años después, 93 siendo exactos, México se encuentra en la mayoría de los diarios generalistas y económicos de todo el orbe. La noticia económica que genera el país americano no es que en 2009 contó con cerca de 55 millones de pobres, aproximadamente el 51% de la población del Estado Federal Mejicano ni que del período comprendido entre los años 2006 y 2009 dicha pobreza creció en 10 millones de personas, ni siquiera lo es que para este 2010 se esperan que entorno a 8 millones de latino americanos caerán en situación de pobreza extrema y que de esos 8 millones, la mitad serán mejicanos. Tampoco es noticia que el salario mínimo mejicano esté entorno a los 4 dólares diarios, unos 2,92€, y que dicho salario mínimo por día es lo que gana cerca del 80% de los asalariados mejicanos. No, nada de eso es noticia. Sí lo es, que según la revista Forbes, el empresario mejicano de ascendencia libanesa, Carlos Slim es el hombre más rico del planeta.


El ya famoso multimillonario cuenta con una fortuna que ronda los 53.000 millones de dólares contantes y sonantes. Toda esta amasada fortuna no es fruto de la casualidad y del empeño de un pequeño gran hombre, hijo de inmigrantes libaneses que supo labrarse su vida y su fortuna, sólo a partir de una pequeña pero cuantiosa herencia familiar que, a su vez, acompañó de un glorioso acierto en sus posteriores inversiones. No, todo esto son sólo pequeños condicionante que en 1990 permitieron a Carlos Slim hacerse a un precio irrisorio con la empresa estatal de telefonía, Telmex, con la cual ha logrado hacerse de forma monopolística con un mercado de 100 millones de personas. Como decíamos, en 1990, el ahora master millonario mejicano, se hacía con una empresa pública que el presidente, en aquel entonces, de la Unión de Estados Federados de México puso a la venta. Era la joya de la corona de las empresas publicas del país. Todo ello auspiciado, la mencionada venta y otras de empresas públicas, por las políticas neoliberales que con tanto ahínco propusieron poner en marcha en toda América Latina el FMI y el Banco Mundial. De esta manera, Carlos Slim se hizo con la compañía otrora estatal a un precio que todos los economistas capitalistas del momento, y también los de ahora, consideran irrisoriamente bajo, unos mil millones de dólares. Empresa que 20 años después, sólo 20 años después, tiene un valor 20 veces superior, evidenciando el “chollo” que supuso su venta para los compradores privados, y el defalco que ello supone para el pueblo mejicano.


Éste es sólo un ejemplo más de como el capitalismo esquilma a los pueblos poniendo todos sus recursos económicos, toda la riqueza de una entera nación, en manos de unos pocos privilegiados que a su vez explotan bajo su yugo, casi en forma de servidumbre, a millones de trabajadores desamparados que se ven bajo la determinación de sus amos, conformando estos provilegiados la nobleza del capital. Ésto no sólo ocurre México, sino en el orbe entero, es la explicación de cómo unos pocos privilegiados se aprovechan y explotan a una clase entera, la obrera y campesina, la tuya y la mía.


No hay comentarios:

Publicar un comentario